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Frente a lo que pudiera creerse
por parte de los aficionados a la literatura, conservar y
reunir los manuscritos de un autor no es algo demasiado frecuente
ni en el pasado ni en la actualidad. Hoy, lamentablemente
no se dispone de ningún autógrafo literario
de Cervantes o de Góngora y sólo quedan algunos
ejemplos de Lope, Calderón o Quevedo. Y las cosas no
han mejorado en épocas más recientes, pues apenas
se conserva nada, por citar tan sólo un ejemplo, de
Larra, Valle-lnclán o Rosalía.
El estudioso puede, de esta manera,
observar las diferentes versiones de una obra y analizar las
variantes que el manuscrito atestigua, así como las
correcciones que el autor realiza sobre las copias mecanográficas
que acompañan cada manuscrito y estudiar así
el proceso creativo que experimenta una obra.
El hecho de reunir en la Fundación todos los manuscritos de
Camilo José Cela, constituye un hecho de capital
importancia que impulsó al propio autor a poner la
Fundación en marcha: "Antes de que el inclemente
viento de la historia de cada cual pudiera esparcir mis papeles
por el mundo adelante".
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