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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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PALABRAS Y FRASES
"Llevo ya mucho tiempo tratando de convencer al paisanaje de dos cosas: de que el eufemismo se ahoga en su propia y aséptica mugre y de que las palabras no pueden ser sustituidas por frases sin grave detrimento de la lengua. Hoy me toca insistir sobre esta segunda calamidad y declaro, con tanta modestia como dolor, que ya voy haciéndome a la idea de que cuanto digo no interesa a nadie o a casi nadie; al español parece como darle vergüenza hablar en español y, cuando no mete en la conversación palabritas en francés o en inglés, se inventa unas circunlocuciones castellanas que ya las hubiera querido para sí don Luis de Góngora y Argote (de haber tenido menos talento, claro es). Mi idea es elemental, si bien no compartida por todos, ni mucho menos: los animales, los vegetales y los minerales, las cosas y los objetos, y las sensaciones y las situaciones –y cualquier otro trance posible- precisan de un nombre que los nombre, no de una frase que los explique. El suponer lo contrario conduce al empobrecimiento de la lengua, gratuita renuncia que no nos honra. El hablar por paráfrasis es un cursilada y, si estas líneas no se estuvieran escribiendo para donde se escriben, me atrevería a decir que también una gilipollez. Veamos algunos botones de muestra. A los maestros se les llama profesores de educación general básica, por regla general con mayúsculas; a las criadas se les dice empleadas del hogar; a los porteros, encargados de fincas urbanas; a los fareros, técnicos mecánicos de señales marítimas, y a los practicantes, ayudantes técnicos y ahora, según síntomas, diplomados en enfermería. La otra tarde, por televisión, llamaron deficientes auditivos a los sordos y aseguraron que en el Estado español fue donde primero se comieron patatas en Europa. Me parece que algún día sugerí –a lo mejor fue en estas mismas páginas- que a los párrocos se les designase, de ahora en adelante, como obispos técnicos auxiliares de grado medio. ¿Por qué no? Yo creo que estamos en el mal camino y así lo expreso, no más que para tranquilidad de mi conciencia."
Recogido en El juego de los tres madroños, Barcelona: Destino, 1983
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