El artículo semanal de Camilo José Cela

 

ISAAC DÍAZ PARDO, GARZÓN GENIAL

 

“Isaac Díaz Pardo es un garzón menudo y santiagués, hondo y de afable y preocupada sonrisa, que pinta unos cuadros pasmosos y hace unas porcelanas inverosímiles.

- Ya he leído que desde Lucca della Robbia saltas a Picasso.

- Picasso no ha intentado la porcelana. Picasso hace cerámica. Sí, desde Lucca della Robbia a nuestros días.

- ¿Y en estos quinientos y pico de años?

- Poca cosa. La cerámica del XVIII es un arte de repostería.

- ¿Sèvres?

- ¿Sí. Sèvres y Limoges y Dresde, y Copenhague. Todas. Es un error creer que una pieza de porcelana adquiere valor a fuerza de tener flores y encajes. El mundo vivía un mal momento, artísticamente hablando, y la cerámica nacida por entonces no supo superarlo. Salvo Goya, desde el XVIII todo ha sido blando y artificioso.

- Sí. Oye, ¿y los críticos?

- ¡Ah, no sé! Sé de uno que ya anunció que no se ocuparía de mi cerámica porque prefiera las tartas de repostería. Por lo menos tiene el valor de confesarlo.

Isaac Días Pardo tiene 30 años, aunque quizá represente algunos años menos. Isaac Díaz Pardo empezó a pintar al acabar la guerra, el 39.

- ¿Y antes?

- No, antes nada.

Isaac Díaz Pardo, desde el 43, que presentó sus primeras obras en público, hasta el 48, fecha desde la que ya no expuso, hizo once muestras individuales: dos en La Coruña, el 43, la primera de su vida, y el 48; tres en Madrid: el 44, el 46 y el 48; dos en Vigo: el 44 y el 48; dos en Barcelona: el 47 y el 48; una en Londres, en la Galería Da Vinci, el 47, y otra en Zaragoza, la última, al año siguiente.

El Centro Gallego de Buenos Aires está organizando ahora una exposición con cosas de Laxeiro, de Maside y más.

- ¿Vas a ir tú?

- No, mando la obra.

- ¿Y la cerámica?

- Pues ya ves... La expongo ahora por vez primera... Yo querría hacer algo par huir de los retratos - eso de los retratos es un tormento - y que fuera de sentido digno, aunque de arte menor.

- ¿Arte menor la porcelana?

- Bueno, no; popular.

- ¿Popular la porcelana?

- Bueno, no; lo que sea.

- Sigue.

- Pues eso. Empecé, y como sin quererlo, o mejor, sin buscarlo, salió la porcelana. Yo iba detrás de la cerámica y salió la porcelana. Al caolín del Castro le añadí algo de cuarzo, y salió la porcelana.

- ¿Buena?

- Muy buena, parecida a la china. Las cosas salen así, ya se sabe.

- ¡Psché, se sabe regular!

- Isaac Díaz Pardo tiene su casa, y su estudio, y ahora su horno, en el pazo del Castro de Samoedo, en La Coruña.

- ¿Cuando empezaste a hacer cerámica?

- Hace año y medio, poco más o menos.

- ¿Y estás contento?

- Sí, muy contento. En cuanto a técnica he conseguido mucho más de lo que me había propuesto.

¿Y en cuanto a calidades plásticas y estéticas?

Isaac Díaz Pardo se queda unos instantes pensativo. Después rompe a hablar, y habla de prisa, como queriendo recuperar el breve tiempo perdido.

- ¡Ah! En ese extremo quien tiene la palabra es el espectador.

- Bueno, de una manera relativa; imaginemos ahora que el espectador eres tú.

Isaac Díaz Pardo vuelve a callar y sonríe.

- Pues... Si yo fuera espectador...

Isaac Díaz Pardo no arranca.

- Sí, si tu fueses espectador.

- Pues, hombre... Yo creo que si algo vale la originalidad...

- Sí.

- Pues eso... Que si de algo vale la originalidad, esto debe estar bien.

- Sigue.

- ...Por lo menos ésta es la primera vez que se conciben cosas con destino a la porcelana. Antes lo que se venía haciendo era copiar la pintura y, sobre todo, el grabado.

- Gracias, esto era lo que quería.

Isaac Díaz Pardo vuelve a sonreír.

- Me alegro.

Con la cabeza ladeada y la sonrisa bailándole en los labios, Isaac Díaz Pardo parece un niño triste y profundo como los pozos del sueño.

La conversación, a punta de capote, recae sobre la pintura.

- ¿Tus maestros?

- No sé... Sería muy difícil preciarlo.

- Bien. Tus preferencias, entonces.

- Pues yo creo que la pintura nace en Italia, en el Renacimiento.

- ¿Rechazas lo anterior?.

- No; de ninguna manera. Pero creo que, al menos para nosotros, la pintura nace en el Renacimiento italiano, Masaccio... Fra Filippo... Los venecianos... Después Tintoretto...

- ¿Y después?

- Goya sobre todos. Y más tarde los impresionistas franceses. En realidad, después de Goya, la pintura no ha tenido existencia más que en Francia. Francia fue el único país que supo renovarse.

- ¿Y en Francia?

- Pues en Francia, Cézanne, Degas, Manet, Monet, Gaugin...

- ¿Y en nuestros días?

- Picasso, a gran distancia, sin dudarlo.

- ¿Y Matisse?

- Sí, Matisse también.

- ¿Y Dalí?

- Dalí tiene más cuento que Calleja.

- ¿Lo digo así?.

- Sí, así. Dalí tiene más cuento que Calleja.

- Bien, bien.

Isaac Díaz Pardo cambia un poco de postura y toma aliento para continuar.

- Todo este desarrollo, toda esta evolución de la pintura francesa, no justifica, a mi entender, la moderna pintura española. Hay que estar acordes con nuestro tiempo, es cierto, pero hay que estarlo también a nuestro espacio. Hoy, en el mundo entero, casi todo lo que se hace peca un poco de ser arte francés.

- Entonces, la pintura española de hoy, ¿dónde la ves?

- Pues...

- ¿En Solana?

- No, Solana tiene su espacio, sí, pero su tiempo ya pasó.

- ¿Entonces?

- Pues... ¡Qué sé yo!

Díaz Pardo se para en seco.

Lo mejor será no citar nombres; después la gente se incomoda.

- Como quieras.

Isaac Díaz Pardo sigue hablando y hablando.

- Esto no lo pongas.

- Bueno.

Isaac Díaz Pardo teme que su amigo lo traicione.

- ¿No lo pondrás?

- ¡Pero, hombre, Isaac! ¡Claro que no!

Isaac Díaz Pardo cuando lea estas líneas, verá que no le hemos engañado. Cazar franceses a traición es algo que no interesa. Y no por deslealtad, sin, simplemente porque las cosas dichas al correr de la charla pierde, en múltiples ocasiones, su sentido al caer sobre el papel. Y Díaz Pardo es un hombre que rebosa sentido, buen sentido, en todo lo que dice. Y en todo lo que hace también.

 

Correo Literario, 15 de abril de 1951"

 

 

 

Recogido en Conversaciones españolas, Espluges de LLobregat: Plaza & Janés, 1987.

 

 

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