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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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NOMBRES DE MUJER
"Antes las niñas se llamaban Pili, Chelo y Paquita, y sus tías de provincias, Visitación, Consolación y Tranfiguración. En Castilla la Vieja y otros confines góticos, las mozas se conocían por Aldegunda, Austricliniana y Vilgefortis, quizá Wilgefortis, y si sus padres eran patriotas, Urraca, Berenguela o Brianda. Entre familias muy cumplidoras, no importa el credo y basta con la intención, las jóvenes atendían por Regla, Dolores o Martirio; durante la república y más bien hacia el sur, por Libertad, Igualdad y Fraternidad y, durante la guerra civil por Ugetita, Libertaria y Pasionaria. Entre familias muy concretas, no importa la intención y basta con la buena voluntad, sobre todo cuando entre sus progenitores se profesaba el ansioso culto a la cursilería, las criaturitas del sexo femenino lucían nombres significantes y peligrosos: Abundancia, que propiciaba al cachondeo si se enseñaba gorda; Maravillas, que desorientaba al espectador cuando salía fea, y Dulce, a la que se le exigía un determinado carácter no siempre certero ni aplaudido. Pues bien: en determinados ambientes españoles contemporáneos, honestos si los hay pero tampoco plausibles, las niñas se llaman ahora Vanesa, Samantha y Desirée. ¿Qué ha pasado en España, el suelo patrio de unos y el Estado español de los otros? Lo ignoro. Y propugno que en el futuro designemos a nuestras más tiernas infantitas con nombres orientadores, por ejemplo, Participativa, Deleznable, Oriunda, etc."
Recogido en A bote pronto, Barcelona: Seix Barral, 1994
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