El artículo semanal de Camilo José Cela

 

LOS MODOS DE DECIR

 

"Si el ladrón es fino, en vez de caer en manos de la Guardia Civil va al psiquiatra, y a su acción, en lugar de llamarle robo, se le dice cleptomanía; el caso es no llamar a las cosas por su nombre, lo que -a lo que se va viendo- no es correcto y en cambio sí puede resultar, a veces, doloroso y amargo. A la gitana que, en una tienda, se guarda entre las sayas lo robado, se le dice mechera pero, si es señora, se la llama cleptómana. ¡Allá cada cual con su conciencia y con su español!

Otra cosa que tampoco entiendo demasiado, sin duda por culpas propias, que no ajenas, es la adjetivación que da la prensa -no siempre, pero sí con frecuencia bastante- al miembro femenino de la pareja estable no casada: los quinquis tienen barragana; los cuatreros y chorizos rurales, manceba; los gitanos con un pie en el arte, amante; los industriales o comerciantes de medio pelo, querida; los cantantes jóvenes, amiga; los ya no tan jóvenes, compañera; los ricos, novia, y así sucesivamente. La enumeración de la que acabo de dejar constancia no es rígida ni inmutable, bien lo sé, pero se acerca bastante al uso por casi todos admitido. En el Senado, cuando era senador, tenía un compañero que me presentó a su coima como a su colaboradora sexual. Yo le dije a la señorita (que tampoco era ninguna cosa del otro mundo) "mucho gusto, ¿cómo está usted?" y me quedé pensando en la evidencia de que hay gente que disfruta complicando lo que es de natural sencillo.

En las viejas lenguas -y el español es tan viejo como glorioso y eficaz- los modos de decir se complican hasta lindes insospechadas para todos y peculiares de cada cual. Yo creo que hay tantas (o casi tantas) lenguas españolas como hispanohablantes la usamos. Al francés o al inglés, por ejemplo, les pasa lo mismo, y aun a otras lenguas menos importantes. Su estudio es posible que desborde los más afanosos propósitos."

 

 

Recogido en El juego de los tres madronños, Barcelona: Destino, 1983

 

 

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