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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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LOS HIMNOS
“Pueden ser internacionales, nacionales, regionales, comarcales, locales, de oficios, de congregaciones, de armas y cuerpos, de partidos políticos, de clubes deportivos y de cualquier otra suerte de suspiros, manías o casualidades; los más conflictivos, quiero decir, los que unen o desunen con mayores arrestos y energías, suelen ser los nacionales, quizá porque el concepto de nación sea demasiado huidizo y se preste a toda suerte de interpretaciones, definiciones y conclusiones. En determinados países, al margen de que sean o no sean nación, que eso es algo que no se sabe nunca del todo, las gentes cantan su himno, y en otros no, en otros se callan y lo escuchan más o menos quietos y respetuosos o distraídos e indiferentes. Yo no creo que se pueda sacar conclusión alguna de estas actitudes, porque eso es algo que probablemente va en caracteres y en maneras de ser; a mí me gustaría que los españoles tuviésemos una letra aceptable para la Marcha Real y la cantásemos todos, si no con entusiasmo, sí al menos con convencimiento, pero me conformo con la evidencia de que las cosas no hayan rodado acordes con mi deseo, ya que no por eso somos mejores o peores. Los ingleses, bueno, los británicos, los franceses y los alemanes no cambian sus himnos y los cantan incluso con unción, como tampoco cambian sus banderas, por las que siempre se sienten representados, pero los españoles estamos muy lejos de alcanzar esa madurez emocional y política; sé de sobras que ni un solo hombre muere a la sombra de una bandera tras haberse estremecido a los acordes de un himno, tanto este himno como aquella bandera entran de pleno derecho en el sosegado y solemne planeta del respeto, pero esto no es óbice para que entienda y diga que los españoles, en determinados momentos históricos, cometimos el craso error de cambiar la bandera y el himno con un entusiasmo ridículo, aventurero y pequeño burgués. La postrera maduración de esta estulticia pseudopatriótica están a punto de darla los italianos, cuyo Gobierno ideó cambiar el himno del país por considerarlo culpable de no haber ganado el Campeonato Mundial de Fútbol.”
6 de septiembre de 1994
Recogido en El color de la mañana, Madrid: Espasa, 1996.
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