El artículo semanal de Camilo José Cela

 

 

A CADA CUAL LO SUYO

 

“El licenciado don Ulpiano (o Vulpiano) Bárboles Aladrén, escribiendo en nombre de don Camilo el del premio, a su vez asesorado por el zurupeto Catulino, publicó hace algún tiempo un artículo en este mismo periódico en el que se dice que la noticia del Nobel se la dieron al interesado las siguientes cinco personas citadas según fueron hablando: Leopoldo Calvo Sotelo, José García Nieto, alguien de la radio de Estocolmo, el embajador de Suecia en Madrid y Jorgen Semprún. Pues bien, esto no fue así del todo y en un cuaderno que durmió durante más de un año debajo de un montón de papeles (el orden, para Montaigne, es un virtud triste y sombría) aparece la relación exacta de las llamadas, incluso con la hora a que se fueron produciendo. Es la siguiente: a las 12, Francisco Uriz desde Estocolmo; a las 12.30, Leopoldo Calvo Sotelo; a las 12.45, la televisión valenciana; a las 12.46, unos periodistas de la Agencia Efe; a las 12.47, Radio Nacional; a las 12.49, José García Nieto; a la 1, alguien de la radio de Estocolmo; a la 1.01, el embajador de Suecia en Madrid; a la 1.02, Marina Torres, la mujer de Uriz; a la 1.04, Mabel Dodero, una antigua secretaria del zurupeto Catulino (o quizá del pupilero del licenciado); a la 1.15, Ana, la hermana del pupilero del licenciado (o quizá del zurupeto Catulino), y a la 1.16, Jorgen Semprún. Por tanto, la breve conversación mantenida entre este último y el zurupeto Catulino, digo, don Camilo el del premio, debe modificarse a este tenor:

-Acaban de concederte el premio Nobel; como ministro de Cultura, quiero ser el primero en comunicártelo.

-Muchas gracias, pero eres el duodécimo.

El zurupeto Catulino Jabalón, vamos, don Camilo el del premio, reconoce que debió haber dicho doceavo en vez de duodécimo, en respetuoso homenaje e inevitable recuerdo a don Javier, a cada cual lo suyo, el antecesor de don Jorge, el hombre que fue ascendido a ministro de Educación y Ciencia pudiera ser que por su original idea de utilizar el quebrado por el ordinal. […]”

 

 

Recogido en El camaleón soltero, Madrid: Grupo Libro 88, 1992.

 

 

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