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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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FE DE ERRATAS
"Hay al menos dos o tres o cuatro clases de erratas de imprenta: unas, las que subsana el buen criterio de quien leyere, que carecen de importancia aunque molesten a la vista; otras, las que cambian una palabra por otra palabra también correcta en sí, que son más peligrosas porque pueden inducir a desorientaciones y aun a errores; otras, las que inventan una palabra, y que pueden volver loco a cualquiera, y aun otras, que llevan a confundir al oído dos nociones diferentes. Las primeras son muy veniales: por ejemplo, decir “chocalate” por chocolate, sobre todo cuando el contexto explica, en mejor auxilio del lector, que el “chocolate” es de desayuno y con tejeringos. Las segundas pueden ser molestas puesto que la lectura queda aparentemente correcta: por ejemplo, “agriar”, poner agria una cosa, por “agriaz”, cinamomo. De las terceras tengo de mi libro Desde el palomar de Hita se habla de los designios de la “cesía”, bella palabra que nada significa o al menos yo no lo sé ni la Real Academia tampoco. Tuve noticia del despropósito a través de una alumna francesa que estaba trabajando sobre mi obra y recurrió a mí, llena respetuosos remilgos, tras agotar toda su nómina de profesores; donde el impresor puso la eufónica palabra falsa debiera haberse leído “poesía”, con lo que todo adquiría sentido. De las cuartas también tengo personal experiencia: en todas las ediciones, que son cuatro o cinco, de los discursos del acto de mi recepción en la Academia, en el final del discurso de Marañón, se habla de “honor ilustre”, cuando el adjetivo no es sino transcripción errónea y tomada al oído de la conjunción copulativa “y” y el sustantivo “lustre”. En todo caso, en esto de las erratas la sangre nunca llega al río y hay que tomarlas con cierto asco, sí, pero también con paciencia."
Recogido en A bote pronto, Barcelona: Seix Barral, 1994
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