El artículo semanal de Camilo José Cela

 

LOS POLÍTICOS SE MUEREN DE HASTÍO

 

Los políticos se regodean con el triunfo, se mecen en el éxito que acaban considerando razonable, se enorgullecen del poder que da el teléfono oficial, empiezan a criar manías y soledades y a la postre se hartan de sí mismos y de su entorno para acabar muriéndose de hastío; en los entierros de los políticos, quiero decir en los entierros políticos, se suele ocultar piadosamente la circunstancia del hastío. Según Salmanoff, el médico y nómada que atendió a Lenin, la causa del óbito del siniestro jefe bolchevique fue el aburrimiento. Los políticos utopistas, los soñadores y los románticos, sobre ser más peligrosos para el personal, aguantan menos el hastío y propenden a morir de forma violenta e incluso espectacular. No es razonable imaginarse un mundo justo, pacífico y feliz para después toparse con la monotonía, la burocracia y la estulticia; tampoco es razonable que una cabeza hecha para la ensoñación pueda resistir el embate de la inercia cotidiana y administrativa. La soledad rinde viaje en el hastío por causas naturales y previstas aunque no contadas del todo, quizá porque pueden ser demasiadas.

 

Recogido en A bote pronto, Barcelona: Seix Barral, 1994.

 

 

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