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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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UNA IRREFRENABLE VOCACIÓN
“Entre nosotros los españoles es frecuente aplicar el ingenio a la golfemia, quizá por aquello de que más cornás da el hambre y por aquello otro de que más vale pasarse que quedarse corto. Asusta, a veces, lo que algunos tienen que trabajar para no trabajar y que cavilar para seguir sin dar golpe; yo pienso que es un instinto o, por lo menos, un atavismo y, sin duda alguna, una inercia de la que no hay manera de apearse en marcha. La novela picaresca no se produjo por casualidad y sí por maduración de un determinado tratamiento tan pintoresco como eficiente, de las estructuras políticas, religiosas, económicas y sociales. También entre nosotros los españoles suele ser costumbre, entiendo que malsana, el anteponer el ingenio a más substantivos valores en la tabla de nuestras domésticas preferencias. A un español - también a un italiano y a un griego - le caben en la cabeza más cosas que a un inglés o a un escandinavo; lo que ya sería aventurado suponer es que esas cosas que le caben de más fueran buenas y no ruines. En una ciudad andaluza un funcionario municipal cobraba, por holgar, algo más de la mitad de lo que hubiera cobrado por trabajar o, al menos, por ir a la oficina. La técnica era sencilla y sabia: el funcionario disfrutaba de su mes de vacaciones y sacrificaba el cincuenta por ciento de cada una de las once restantes mensualidades en retribuir los servicios de un compañero que le servía de suplente o, puesto que andamos de Despeñaperros para abajo, de sobresaliente de espada. Y él, que, para eso era más listo que los demás, sumaba trienios paseando, defendía su seguridad social hablando mientras copeaba y hacía cola para retirarse con su jubilación, quizá cicatera pero no mermada, cuando le llegase la hora del retiro. La actitud de este animoso compatriota es un instinto, sí, como antes me permití suponer, y un atavismo e incluso una inercia, pero, sobre todas las cosas, supongo que es una irrefrenable vocación: la de no dar golpe, pase lo que pasare y aunque lluevan chuzos de punta."
Recogido en El juego de los tres madroños, Barcelona: Destino, 1983.
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