El artículo semanal de Camilo José Cela

 

¡ABAJO EL LATÍN!

 

Mientras los pájaros se aman y se ciscan sobre la yerba, a veces en vuelo y otras en el suelo, y las culebras, y los lagartos y las lagartijas toman el sol y la sombra con descaro y muy solemne parsimonia, el licenciado don Ulpiano (o Vulpiano) Bárboles Aladrén, alias Trujaleta, lee <<La cueva de Melisso Mago>>, de Quevedo, en un manuscrito del siglo XVIII que se conserva en la fundación de don Camilo el del premio.

- ¿Tiene fuego?

- Sí, pero no se lo doy porque aquí está prohibido fumar.

- Dispense.

El Rvdo. P. Alcides del Berenjenal y Muermo, S. J., es un patriota a la antigua usanza, no como los jesuitas de ahora, que son unos patriotas a la nueva usanza, medio cristianos de las catacumbas y medio guerrilleros con tenues inclinaciones literarias.

- ¿Y mesiánicas?

- Sí, también mesiánicas.

El Rvdo. P. Alcides del Berenjenal y Muermo, S. J., habla con voz tonante.

- Los cursis, los estreñidos y los hipogenitales dicen Latinoamérica, los protestantes también, los luteranos y los calvinistas, y para colmo se expresan con frases en vez de con palabras, al zurupeto Catulino Jabalón Cenizo se lo he oído pregonar a los cuatro vientos siempre que se le presenta ocasión, y así hablan de la tercera edad, de las fuerzas armadas y del medio ambiente, ¡gilipollas!, da gusto escucharles, con su fingimiento y su comedimiento, con su rentable mansedumbre y su mansa sonrisa, con sus andares breves y escocidos, ¡coño, qué fauna! ¡Hay que ver cuanta economía saben! ¡Abajo las humanidades, viva la ciencia rentable! ¡Desterremos el latín y enseñemos a la juventud a manejar los ordenadores, a ser posible sin eñe! A los viejos, ahora se les llama miembros de la tercera edad, que hace más ecuánime, se le mete en los hospitales de la seguridad social durante un verano, o se les interna para la poca vida que les queda en un asilo, es costumbre llamarlo residencias, que hace más fino y tecnócrata, o se les olvida en una gasolinera aprovechando que se habían bajado a mear, perdón, a orinar. ¿No tienen su pensión? - suelen decir los hijos mirando al tendido -, ¿sí?, ¡pues que se las apañen y se incorporen al ritmo de la vida moderna! ¿Póntelo, pónselo! Saluda a este señor, nene, y no te marees. ¡Fidelín, Vladimirín, repórtate!.

El Rvdo. P. Alcides del Berenjenal y Muermo, S. J., llegó muy cansado al final de su parlamento y pidió árnica, léase tila.

- ¿Me podría preparar una tacita de tila?

- Con mucho gusto, padre, y si quiere dos, también, aquí estamos para servirle.

- Le quedo muy reconocido joven.

Al bachiller Gutiérrez, eso de que le llamaran joven le llenó de gratitud.

Mientras las avecicas del Señor se follan y se zullan sobre el adoquinado, tanto tiene en vuelo como en el suelo, y las raposas del monte, los cangrejos de la bajamar y los caracoles del cementerio toman el sol y la sombra sin timidez y con muy estudiada reverencia, el licenciado don Ulpiano Bárboles Aladrén, alias Trujaleta, cierra <<La cueva de Melisso Mago>> y se queda dormido."

 

 

Recogido en El camaleón soltero, Madrid: Grupo Libro 88, 1992.

 

 

 

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