El artículo semanal de Camilo José Cela

 

GIMNASIA ANTE LAS MALAS NOTICIAS

 

A veces las noticias no son buenas sino malas (amargas, dolorosas, dramáticas). ¿Qué es, entonces, lo que se debe hacer? Lo fácil y lo cómodo es dejarse llevar del sentimiento, permitir que los nervios se rompan, gritar, llorar, no hacer nada e, invocando la resignación, que es virtud en calderilla para uso de débiles y derrotados, lamentarse a coro de la mala suerte, eso que no se sabe bien lo que es. Lo difícil e incómodo –también, a mi juicio, lo debido- es proceder y no hablar, fingir la cara de palo, pelear hasta el final y sin descomponer la figura, mantener los nervios en su sitio y hacer de tripas, corazón. La gente, cuando corre de un lado para otro se obnubila y, al final, yerra. Lo que hay que hacer es todo lo contrario: primero, sentarse, después, pensar; después, rumiar lo pensado, y al final actuar con una violencia infinita, como el ave de presa. Incluso tras la derrota, debe ensayarse a salvar lo que queda. Que algo siempre queda y jamás debe decirse de nadie que ha muerto ahogado, si no es tras haberle hecho, durante dos largas horas, la respiración artificial. Ruego disculpas por haber hablado en clave; haberlo hecho con mayor claridad, hubiera sido falta de educación y huida de la norma que aconseja no hacer propaganda del enemigo llamándolo por su nombre. El enemigo no tiene nombre; el enemigo no se llama de ninguna manera; el enemigo no existe sino como enemigo, carece de cualquier otra entidad. A veces, repito, las noticias no son buenas sino malas (agraces, heridoras, trágicas, etcétera). Sepamos enfrentarnos con buen ánimo y con la misma cara de siempre con la mala noticia. Si estoy pálido, pido perdón.

 

 

                                                        Recogido en La bola del mundo, Madrid: Sala Editorial, 1972

 

 

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