El artículo semanal de Camilo José Cela

 

GALICIA

 

La maceira que da mazás; la pereirra que cria peras barburiñas o afogadizas, a elegir; la cerdeira que nos brinda cereixas; el limoeiro por cuyos brotes corre el bálsamo que cura la lepra; el laranxeiro del que cuelgan las laranxas con las que los ingleses hacen la mermelada, y el pexegueiro de los péxegos (que cuando son de propiedad eclesiástica pierden el acento y quedan en pexegos) son árboles que pregonan el sexo de quien roba la fruta: un pitido largo si el ladrón es macho (hombre, raposo, carnero, etc.). Antes, cuando aún quedaban vírgenes, los dos chiflidos de la denuncia eran más breves todavía. Ahora ya no, claro es, porque tampoco importa demasiado porque la costumbre es la costumbre.

Los sueños, los remordimientos, y las figuraciones gallegas no son tan sólo de agua sino que también pueden venir por otros caminos igualmente misteriosos o mágicos o familiares: los de los santos y santuarios, los de las romerías y los cementerios, los de los ungüentos y las oraciones, los del agua bendita y los alambiques que le sacan la última sombra al orujo, los de la vida y la muerte y así hasta el final.

Si me dejo llevar por esa fuente de dolor a la que ya hace muchos años llamé la memoria - el enemigo mortal de mi descanso, del que nos hablaba Don Quijote; el único paraiso del que no podemos ser expulsados, al decir de Juan Pablo Richter -, vuelvo a mi hopa de caminante y sueño en voz alta (y en primera o tercera persona, según cuadre) las palabras que digo con mi voz más trémula y enamorada."

 

 

Recogido en Galicia. Camilo José Cela, Laxeiro, Vítor Vaqueiro, Vigo: Ir Indo Edicións S.A, 1990.

 

 

 

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