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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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SOBRE LA APOLOGÍA DE LA VIOLENCIA
“Todos los días pasa en el mundo un suceso pintoresco, espeluznante o dramático, y a veces, en vez de uno, acontecen dos o tres. La Historia se escribe a pinchazos y patadas, cuando no a tiros, y sobrecoge la idea de que la paz no pueda ser, no suela ser, motor suficiente para el progreso; a mí me gustaría suponer lo contrario, pero no me reconforta el arbitrio de pintar la falacia de color de rosa. El periódico que leemos cada mañana nos nutre de tal cúmulo de sobradas barbaridades y necedades que, cuando nos decidimos a empezar a trabajar, hemos de purgar antes el corazón y el alma de taras, trampas y mañas viciosas y crueles. ¿No podría llegar, el hombre, a un pacto consigo mismo tendente a no preconizar ni aplaudir la violencia y sus mil secuelas malsanas y enfermizas? Siempre se está a tiempo de evitar que el mal aparezca y nos estrangule, pero siempre se está un poco más lejos de poder conseguirlo sin muy costoso deterioro de la sociedad en la que vivimos. Lo malo de los utopistas no es que sueñen y yerren, sino que aspiren a soñar y acertar partiendo de cero y del erróneo arbitrio de que, para acceder al estado perfecto al que se aspira, debamos destruir antes cuanto, mejor o peor, aún sirve el hombre para ir tirando con no demasiada dignidad. El preconizar que cuanto peor vayamos mejor nos ha de ir, es una idea que en la realidad no funciona. El recuento e los sucesos violentos es un desgalgadero por el que no se puede rodar sin daño. Y uno, en su ingenuidad política, aspiraría a que alguien le aleccionase sobre qué cosa es peor y de más turbias consecuencias: si la violencia, su apología o su mera y puntual constancia. 1 de mayo de 1994. "
Recogido en El color de la mañana, Madrid: Espasa Calpe, 1996.
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