El artículo semanal de Camilo José Cela

 

AHORA QUE NACE UN AÑO

 

"El Severito Méndez, que seguía dale que dale con su conjuntivitis, se conoce que era una conjuntivitis rebelde a la mazanilla y al agua borricada, con una copa de campiño en la mano, brindó por la esperanza.

- Ahora que nace un año brindo por la esperanza y aunque sé que estoy condenado a muerte, quiero levantar mi copa por quienes van a vivir. De nada vale, señoras y señores, morir con el virgo de la conciencia en su sitio si a uno lo descabella el diablo Belcebú con un cachete de hierro dulce.

El Severito Méndez se volvió hacia la Cándida Tardajos, la musa del vate compañero Menéndez, nadie le llamaba nunca Menéndez a secas, o vate Menéndez, sino siempre compañero Menéndez, y sonrió:

- Señorita, Cándida, ¿me hace la merced de escanciarme más néctar divino?

- ¡Anda! ¿Y por qué no? ¡Claro que le escancio más néctar divino! ¡Pues no faltaría más! ¡Usted se lo merece todo!

El Severito Méndez compuso un gesto muy circunspecto.

- Gracias, gracias... permítanme continuar. El dante, en <<La Divina Comedia>> nos dice que sin esperanza, vivimos llenos de deseos. Pues bien, ¿por qué yo, que borré ya toda esperanza tengo el corazón horro de cualquier deseo? Lo ignoro y créanme si les digo que me duele con muy amargo dolor. Esperar es soñar despierto, nos alecciona Aristóteles, y yo he dormido ya cualquier deseo soñado, cualquier sueño deseado, que es casi lo mismo, bueno, que bien mirado es lo mismo. Ahora que nace un año brindo por este año que nace y con la esperanza de que, al menos durante su curso, no salte el mundo en pedazos por los aires. Las guerras son malas porque contaminan el aire, el agua y las conciencias, prostituyen al hombre y desentierran los turbios deseos que la paz olvida. Yo me permitiría rogar a la señorita Cándida que nos enseñe el liguero y si no lo lleva, que se lo ponga. En España se tiran al paso del tren dos o tres personas a la semana; a los ferrocarriles de vía estrecha, no; se conoce que no asustan lo bastante para que el desesperado dé el paso fatídico e irreversible, el último paso. Yo me permitiría rogar a todas las señoritas y señoras aquí presentes, incluso a las hediondas viejas, que nos enseñen el liguero y, si no lo llevan, que se lo pongan. Hay cosas con las que no se debe jugar, con las que es sumamente peligroso jugar.

El Severino Menéndez bebió otro trago de campiño y se pasó el pañuelo por los ojos.

- ¡Qué lata de conjuntivitis!

Después cerró su parlamento con unas medias verónicas muy bien medidas y entonadas.

- No quiero morir de amor, me basta con estar ligeramente cansado. Ustedes tienen un año entero por delante para recapacitar. Permítanme que me burle de su paciencia e incluso de sus torpes manipulaciones políticas. Y recuerden tres únicas cosas: que un clavo quita otro clavo, que un amor quita otro amor y que nunca falla un roto para un descosido. Sueño con morirme con las botas puestas y los párpados de color salmón o zanahoria, según la pujanza de la conjuntivitis."

 

 

 

Recogido en El Camaleón soltero; Madrid, Grupo Libro 88; 1992

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