El artículo semanal de Camilo José Cela

 

LA FORMA DE LA MUJER

 

No creo que se sepa la causa, pero la mujer, según pienso, cambia de forma; tampoco creo que la motivación de este cambio sea externa (el régimen dietético, la moda en el vestir, su mayor o menor sometimiento al varón y a la sociedad), sino interna y a consecuencia del desarrollo de una noción política: su función en este valle de lágrimas. Lo probable es que la mujer sea, por fuera, reflejo de lo que es por dentro o, al menos, de lo que quisiera ser por dentro, y entre su ánimo y su apariencia se establece una compleja simbiosis o una correlación en la que no sería fácil rastrear las causas y los efectos. La mujer-santa no es la mujer-heroína, ni la mujer-resignada y maternal, ni la mujer-hombre de negocios, ni la mujer-profesional liberal, ni la mujer-objeto, claro es, aunque las lindes entre unas y otras se nos muestren, con harta frecuencia, no poco confusas y desdibujadas. No tienen la misma forma Juana de Arco o María Antonieta, madame Curie o Santa Teresa, Agustina de Aragón o Jane Russell, ni Rosalía de Castro o Brigitte Bardot, y además es preferible que así sea, porque lo contrario sería un semillero de líos. Lo que se trata de averiguar es por qué la mujer, cada uno de estos arquitipos de mujer, cambia de forma según la historia camina; quizá haya unas constantes colectivas que determinen esta evolución que sospecho. Francesca Bertini, por ejemplo, que enamoró a nuestros padres, no gira en la misma órbita que Mae West, que nos enamoró a nosotros y resbala sobre las apetencias de nuestros hijos. Los sociólogos y los estetas quizá puedan hablar de lo que yo ignoro.

 

                                                        Recogido en La bola del mundo, Madrid: Organización Sala Editorial, 1972

 

 

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