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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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"Hoy no llueve, pero mañana puede volver a llover; sigue soplando el viento y siguen sin amansarse las temperaturas, la estación parece como no querer sentar la cabeza y el aire está, si no frío, si desapacible y caprichoso. - ¿Usted cree que el tiempo que hace debería de ser tan exacto y obediente como el tiempo que pasa? - No; el termómetro, el barómetro, y el pluviómetro son maquinitas más caprichosas que el reloj y el calendario y no se dejan sujetar a regla. A resultas de la lluvias, las tormentas, las nevadas, las heladas y demás improperios cocidos en el corazón y voceados por la garganta del clima, la historia se pinta, a veces, con el color de la anécdota que instruye o el consuelo que ayuda ver el lado bueno de las cosas. - ¿Usted cree que morir es más fácil que vivir, o al revés? ¿Usted cree que la vida es más fácil que la muerte, o al revés? - No lo sé. El presbítero don Vito (o Guy) Bárboles Córcoles, alias Tijereta, el hermano de padre, que no de madre, del licenciado don Ulpiano (o Vulpiano) Bárboles Aladrén, alias Trujaleta, el otro día, en conversación con el bachiller Gutiéreez, le dio un repaso a los clásicos y leyó dos o tres cosas que llevaba apuntadas en un papel: una que para el poeta latino Marcial es más triste la manera de morir que la muerte misma; dos, que para el poeta griego Menandro, que era mucho más viejo, cerca de cuatrocientos años más viejo o aún más, según como se mire, lo terrible no es la muerte sino la muerte vergonzosa, y tres, que Eurípides, el poeta griego que era más de un diglo más viejo que el mayor, se preguntaba: ¿quién sabe si lo que llamamos muerte no es vida, y muerte, en cambio, lo que juzgamos que es vida? - ¿Y no es lo mismo lo que Eurípides pregunta antes y después? - Puede que sí, vamos, que no le diría a usted que no, pero el griego, con frecuencia, gasta estas bromas a los traductores. A don Camilo el del premio le reconforta la noticia de que un montañero perdido durante tres días en Sierra Nevada se pasara la primera noche de soledad en un árbol, rezando y recitando la <<Fábula de Polifemo y Galatea>> de Góngora. Aún quedan hombres, por lo que se ve, y consuela el hecho de que alguien se aferre a la vida como un clavo ardiendo y prefiera resistir a renunciar. Don Camilo el del premio no recuerda si ya lo dijo o si tan sólo lo acarició en el pensamiento y lo trastocó después en la memoria, pero para sí tiene que la muerte no es más que una abdicación que nadie muere mientras se aferre denodadamente a la vida y no se distraiga. Los condenados al infierno en <<La divina comedia>>, del Dante, no tenían ni la esperanza de morir, pero al montañero perdido no le abandonó ni un instante la esperanza de vivir. - ¿Y por eso vivió? - Pues sí, lo más probable."
Recogido en El camaleón soltero; Madrid, Grupo Libro 88; 1992 |