El artículo semanal de Camilo José Cela

 

¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ PASANDO?

 

Nadie muere cinco minutos antes, es cierto, pero no tiene el menor sentido morir joven, aunque fuere cinco minutos después. Y menos aún asesinado. Y menos aún en grupo. Y menos aún por motivos espirituales o raciales, quiero decir por cómo se piensa, cómo se habla o cómo se aparece, esto es: por el significado de lo que se discurre, por el sentido de la palabra, el deje de la voz, el color de la piel, la forma de la nariz o el tamaño de las orejas. El mundo, históricamente mal gobernado pese a los beneméritos esfuerzos de algunos fantasmales soñadores, ¿por qué los políticos, en vez de soñar y teorizar, que es menester de poetas e intelectuales, no gobiernan y administran, que sería lo suyo?, el mundo, digo, no ha sabido prescindir de las guerras, ni desterrar el racismo, ni raer la xenofobia y cuando estas lacras aparecen, que cada día que pasa es a ritmo más acelerado, ignoran cómo pararlas en seco y con justa eficacia. La televisión nos sirve a diario dramáticas y aun espeluznantes escenas de la estúpida guerra entre serbios, bosnios y croatas y de las sanguinarias matanzas entre tutsis y hutus, y lo más grave es que los occidentales lo venimos entendiendo todo como algo natural e inevitable y casi folclórico.

-¿No será que son así –parece que nos preguntamos a nosotros mismos- y que deberíamos respetar sus usos tradicionales y ayudarles a que conserven su idiosincrasia?

Nosotros, los blancos que ahora estamos en paz, cumplimos con llamar a los Balcanes en polvorín de Europa y con decir que los acontecimientos de Ruanda no son otra cosa que luchas tribales; nosotros, los blancos que llevamos ya algún tiempo sin matarnos a cañonazos, nos conformamos con bautizar a lo que nos rodea con el primer tópico semiafortunado que discurrimos. Me da cierta aprensión decirlo, e incluso pensarlo, pero ¿no sería preferible imponer la paz por las bravas entre quienes no atiendan a razones?

No ignoro que no se debe luchar contra quienes niegan la libertad negándoles la libertad, ni tampoco pelear contra quienes hacen la guerra declarándoles la guerra, pero creo que deberíamos considerar muy serenamente si no sería preferible convenir entre todos el respeto a cuatro o cinco cosas que, una vez pactadas con decencia, deberían ser defendidas a ultranza y sin más límite que el respeto debido a lo pactado. Sería cosa de ir pensándolo porque es evidente que las fórmulas al uso no están dando demasiado buen resultado.

El suponer que se puede acabar con el enemigo exterminándolo, mandándolo en bloque para el otro mundo, es, sobre crimen repugnante contra la Humanidad, muy ingenuo pecado de inmadurez política. Y esto, que lo están haciendo ahora gentes obnubiladas por los nacionalismos o el hambre, lo ensayaron antes los cultos alemanes. ¿Qué es lo que está pasando?"

                                                                                                                                                             21 de junio de 1994

 

 

Recogido en El color de la mañana, Madrid: Espasa, 1996

 

 

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