El artículo semanal de Camilo José Cela

 

NOTA DE AÑO NUEVO

 

“En el albor del año que está naciendo, mientras los Reyes Magos reparten armas e inquietudes y la estrella de Oriente navega arropada por los satélites que parió el diablo, el poeta estoico –aquel cuya voz resonó hace ya tantos años- nos brinda la reconfortadora norma de conducta a seguir durante todo el año: sin miedo, igual que el paladín maduro, y sin esperanza, como el avecica perdida en medio del desierto.

No temamos alejar de nosotros el miedo, la máscara que desencaja la faz del esperanzado aunque, bien es cierto, ni mueve ya un solo músculo de la cara del hombre que nada espera. Tampoco deseperemos ante la minúscula anécdota de que nos toque vivir –o morir- en la desesperación a la que el pudor – la aureola de la virtud, le llamó Diógenes- cortó a cercén la melena para que, al tiempo de ennoblecerse, no se desmelenase.

Vivamos sin miedo y sin vanos alardes de valor; sin esperanza, pero también –como el cristiano- sin desesperar. Vivamos en este año que nace, como en el pasado la vivimos ya, la vida honesta y gris –también áurea y luminosa- del hombre que, día a día, trabaja sin importársele un bledo la farsa ambiente, sin dársele una higa las grotescas y tristísimas piruetas de los alharaquientos del toma y daca, del ¡viva mi dueño! y una prebenda, por amor de Dios, que tengo tres hijas chicas y por criar, y una en estado de merecer y aún por casar.

Nada se teme, en este bajo mundo, cuando se tiene algo que hacer y se le arrima buena voluntad. El miedo no es maestro del deber, decía Cicerón, sino mal guardián de lo duradero.”

 

 

Recogido en Al servicio de algo, Madrid: Alfaguara, 1969

 

 

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