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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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EL SUJETADOR Y EL SOSTÉN
“Antes se hablaba de sostenes y ahora de sujetadores; en la lengua, la pudibundez funciona cuando se hace uso común y ordinario el significado de las palabras. La Academia define el sostén como prenda de vestir interior que usan las mujeres para ceñir el pecho, lo cual es tan confuso como difuso y relamido, e identifica el sujetador con el sostén sin andarse con mayores rodeos ni dengues ni cortapisas. A mí me gusta más la palabra sostén, que encuentro más precisa y cierta que sujetador porque a los pechos o senos de la mujer conviene sostenerlos para que no se caigan, pero no es preciso sujetarlos puesto que tampoco huyen; hilando muy delgado sí podría entenderse que sujetar pudiera valer para sostener, sobre todo si se le arrima buena voluntad y esmerado comedimiento. El sostén, como cualquiera otra prenda femenina, vale por sí mismo para propiciar el entretenido y hasta deleitoso pecado de lujuria, y aún no hace tantos años se llegó a prohibir su exhibición en los escaparates de las corseterías para no incitar a los contribuyentes a la lascivia; ahora las cosas han cambiado y en la televisión se organizan coloquios sociológicos y políticos sobre sus virtudes, sus taras y sus indiferencias (que es lo más probable). La gente tiene ganas de hablar y cualquier motivo es bueno para no callarse; Shakespeare sabía mucho de esto, pero lo adobaba con muy espectacular talento. Mi buena y admirada amiga doña Guillermina Morris de Monleón duda entre los sostenes orlados y puntillas y que dejan las fisiologías a su ser y los sujetadores de sofisticada ingeniería que justifican las suplencias y enmiendan las naturalezas, las carencias y hasta las amnesias. No conseguí arrimar luz alguna a sus tribulaciones y congojas porque, como soy de pueblo, lo que me gusta es el relleno, vamos, quiero decir el meollo.”
ABC, 6 de octubre de 1994 Recogido en El color de la mañana, Madrid: Espasa Calpe, 1996
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