El artículo semanal de Camilo José Cela

 

 

NOSTALGIA Y PREVENCIÓN

 

"Estoy nostálgico y prevenido, nostálgico de los líderes y prevenido contra algunos que echaron los pies por alto y no dejaron títere con cabeza; esto de los líderes y el pábulo que podamos darles es peligroso, sí, pero también necesario o al menos útil en determinados trances y ocasiones y pese a sus riesgos. A lo que pienso, en España y en cada uno de sus rincones y saberes faltan líderes que nos orienten y nos lleven de la mano, a ser posible por el buen camino. El líder puede ser paciente o iluminado, manso y cuerdo o fiero y más loco que una cabra, inteligente y sereno o beocio y nervioso y tartamudo, ya que el liderazgo puede anidar en las más dispares cabezas y ponerse, indistinta y casualmente, tanto al servicio del bien como del mal. En España faltan líderes en la ciencia, en la literatura, en la política, en la economía, etcétera; los líderes predican con el ejemplo pero no tienen por qué fundar Escuela. En la España contemporánea fueron líderes Giner de los Ríos y Pablo Iglesias, Ramón y Cajal y Unamuno, Azaña y Menéndez Pidal, Marañón y Ortega, Jiménez Díaz y Severo Ochoa, Juan Belmonde y los generales Millán Astray y Franco, y quizá, entre otros, Santiago Bernabeu y Vicente Aleixandre, que mandaba, es probable que sin darse cuenta de que lo hacía, desde su diván de enfermo; con esta revuelta nominilla quisiera llevar al ánimo del lector una somera idea de lo que entiendo por líder. En España, ahora y a lo que pienso, faltan líderes que nos aleccionen y conduzcan; lo más probable es que hayan dejado de producirse a resultas de la denodada lucha entablada por el Estado contra el individuo, tamaño dislate del que estaremos pagando las consecuencias durante muchos años. En España se puso de moda esa falacia del trabajo en equipo y que, aunque quiera suponer lo contrario, no funciona jamás, y ahora, cuando ya casi hemos paralizado el país, nos toca llorar sobre nuestro cuerpo punto menos que moribundo.

Aquí faltan líderes que nos saquen del marasmo y que nos recuerden que hay que empezar por tener la cabeza clara y decidirse a trabajar sin desmayo y a discurrir por cuenta propia; todo lo demás son tortas y pan pintado y ganas de dejarse anestesiar por los ensueños, las figuraciones y las utopías."

 

Recogido en El Color de la mañana; Madrid, Espasa Calpe; 1996

 

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