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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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CAMILO Y LOS TRES MADROÑOS
"Entre los muchos recuerdos que se agolpan en mi memoria, ocupa un lugar destacadísimo la figura de Camilo José Cela. A veces está uno tentado a escribir con el mismo título que hizo mi padre, Juan Ignacio Luca de Tena, un libro de memorias llamado Mis amigos muertos. Porque, con la distancia de la edad longeva, calibra uno más la suerte que ha tenido a lo largo de su vida al contar con personas que tanto bien le han hecho y tanto le han enseñado. Con Camilo José Cela mantuve una estrecha amistad que duró más de medio siglo. Fue en el verano de 1950, durante una travesía en barco por la isla de Mallorca con mi padre, cuando le conocí en Puerto Pollensa, donde residía tras su, llamémosla así, obligada "huida" de Madrid. Desde el primer momento quede deslumbrado por su arrolladora personalidad, su extraordinario ingenio y su amenísima conversación. Años después, ya en la década de los sesenta, Cela vino a Madrid a pronunciar una conferencia, crítica con la situación política y, en consecuencia, silenciada por las fuerzas del régimen. Las contadísimas personas que asistimos a ella tuvimos ocasión de cenar con él tras su intervención y fue entonces cuando comenzó a labrarse esa amistad con la que me honró durante tantos años. Desde ese día, rara fue la vez, yo diría casi que nunca, que en sus viajes a Madrid no reservara una noche para cenar conmigo y ofrecerme el regalo de su conversación. Senador por designación real en junio de 1977 como yo, compartimos desvelos en los debates constitucionales y fui testigo de su relevante actuación en la comisión a la que estuvimos adscritos. Aquel año de nuestra corta "vida política" supuso que nuestra amistad fuera aún más estrecha y permitió, como Director de ABC, que yo lograra que volviese a escribir en las páginas del diario de forma asidua, para regalo de todos los lectores, hasta el mismo día de su muerte, en que publicamos un bellísimo poema inédito. De esa época data El juego de los tres madroños. Desde 1979 hasta 1982 fue escribiendo en ABC una serie de deliciosos comentarios que luego arracimaría en libro. Toda la serie estuvo magistralmente ilustrada por Lorenzo Goñi y ya en su primer recuadro, publicado el 14 de marzo de 1979, Camilo confesaba: "Acabo de inventarme El juego de los tres madroños, entretenimiento bienintencionado y ejercitador de las paciencias; por ahora no tengo más que el nombre, que me parece bonito e, incluso, teñido de cierto arcaico aire de menestralía, pero pienso que lo más probable es que el reglamento me vaya saliendo poco a poco y a su ser. Dios dirá lo que haya de decir, que en esto no vale ni agobiarse ni pisar raya". Cada quince o veinte días solía venir Camilo a mi despacho de ABC a entregarme un rimero de cuartillas con los artículos escritos, que solía leerme en voz alta. Fue una etapa inolvidable y magnifica: prácticamente todos esos madroños se los oí de viva voz antes de enviárselos a Goñi y que el lector los viera primorosamente editados. Nunca le agradeceré bastante esas tardes inolvidables. Es muy difícil seleccionar entre tantos prodigios literarios. Al final, me he quedado con este "Canelo" porque recuerdo la emoción con que me lo leyó y el humedecimiento de sus ojos. Aquel día, su voz fuerte y rotunda se quebró en más de una ocasión. Hombre inteligente y agudo, nuestro Premio Nobel, un buen día de marzo de 1982, vino a verme para decirme que El juego de los tres madroños ya se había agotado. Si al primero lo tituló "La buena intención", en el último nos dejó un "Queden ustedes con Dios" y esta justificación: "Hace ya mucho tiempo que caminamos juntos y la prudencia enseña que, para que los cueros del cuerpo y las badanas del alma no pierdan flexibilidad, debe mudarse la compañía de vez en cuando..." Y terminaba: "Me voy contento, agradecido y en paz. A lo mejor, vuelvo; depende de las circunstancias y de que la musa que sopla las novelas me ayude con mayor o menor cariño y eficacia". Regresó más tarde con otras colaboraciones, fue puntual a la cita anual como presidente del Jurado de los Premios Cavia, Luca de Tena y Mingote, y hasta el mismo día de su muerte me honró con su amistad. Fue un extraordinario escritor y un amigo impagable."
Guillermo Luca de Tena Marqués del Valle de Tena
Recogido en El Extramundi y los papeles de Iria Flavia NºLVII; Iria Flavia, Fundación CJC; 2009
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