El artículo semanal de Camilo José Cela

 

 

EL VICIO DE FUMAR

 

“Lo están poniendo de moda los Gobiernos, con sus prohibiciones, y los moralistas progres, que son tan pesados como los retros, con la idealización de sus riesgos y sus líricas loas a sus irreversibles y tentadores peligros. El fumar es malo, probablemente, pero a mí esto no me parece razón bastante para justificar la sañuda e histérica persecución del acorralado fumador, criatura a la que se acosa sin darle salida, lo cual, al menos, es poco deportivo. Yo fui fumador, incluso empedernido, llegué a fumarme cuatro cajetillas diarias, y cuando me di cuenta de que aquello era una necedad atenazadora corté por lo sano y hasta hoy; esto sucedió el día de San Nicanor de 1978, o sea hace quince años, y desde entonces no he vuelto a dar ni una sola chupada. Esto de quitarse de fumar es relativamente sencillo y no se necesita sino tener un poco de voluntad para conseguirlo, basta  con no encender los pitillos; al principio, los quince o veinte primeros días, cuesta un poco de trabajo, pero después se acostumbra uno. A mí me parece que para dejar el tabaco no se precisa adoptar actitudes heroicas, que son siempre un poco ridículas e histriónicas, y que no son necesarias ni la psicoterapia, ni la acupuntura ni suerte alguna de socorrida mariconería. Yo me planteé la evidencia de que, si no admitía la esclavitud, menos debía tolerar la de mis propios hábitos y eso fue suficiente para darme ánimo y conseguir mi propósito. El tabaco no es una droga demasiado déspota y no creo que deba considerarse su abandono como una heroicidad; a mí me parece que se fuma no más que por inercia y su ímpetu, el de esa inercia, puede sujetarse si se consigue mantener el equilibrio en el probable traspiés.

El acoso y derribo al fumador se ha puesto de moda en los países anglosajones y escandinavos y su afición está extendiéndose a otras latitudes; de esto a la caza de brujas no hay más que un paso que convendría no dar. Es malo para todos, a mi sosegado saber y entender, el que los fumadores lleguen a sentirse mártires y busquen refugio en las catacumbas. La socorrida magia administrativa tiene poco que ver con la convivencia de la sociedad y la prudencia política de los gobernantes; fumar quizá sea malo, sin duda es malo, pero levantar una muralla china en torno a los fumadores, puede ser peor todavía.

 

ABC, 5 de diciembre de 1993

Recogido en El color de la mañana, Madrid: Espasa Calpe, 1996

 

<< VOLVER