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El artículo semanal de Camilo José Cela |
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JURAMENTOS Y PROMESAS
“La tercera de las acepciones del verbo "jurar", según el diccionario, vale por someterse solemnemente a los graves deberes de determinados cargos; las demás -y en total son cuatro- no interesan a nuestros efectos de hoy. También a tenor de lo que se lee en el diccionario, "prometer", significa obligarse a hacer, decir o dar alguna cosa (1ª acep.) y asegurar la certeza de lo que se dice (2ª acep.); las demás -y juntas son siete- tampoco convienen a nuestro actual propósito. Al diccionario, con frecuencia muy ágil y preciso, no lo tengo por demasiado sutil al establecer las diferencias y señalar los peculiares matices distintivos del uno y el otro concepto porque entiendo, o subentiendo o adivino, que se promete sobre el futuro al tiempo que se jura, o se puede jurar, no sólo sobre el futuro sino también sobre el pretérito. Un niño al que su madre riñe porque se comió la mermelada de la despensa, no puede negarlo diciendo que promete no haber sido, sino que tendrá que jurarlo; lo que acontece es que un tabú moral e incluso religioso conduce a preferir la promesa al juramento, y así se suple aquella noción por esta otra aunque, según me permito insistir, presente una huidiza diferencia. El verbo "jurar", si llega a considerarse irreverente, podría substituirse por "asegurar", más exacto aunque también más feo que "prometer". Las niñas de los colegios de monjas -y señoritas y señoras que fueron a colegios de monjas- conjugan siempre todas las posibles formas del verbo "prometer" en evitación de tener que hacer lo mismo con el verbo "jurar", y yo creo que les asiste el absoluto derecho de hacerlo así puesto que no tienen por qué dar cobijo en su conciencia a suerte alguna de reparo. Lo que ya no entiendo tan razonable ni válido es que por falsas y no más que aparentes razones políticas, los católicos juren sus cargos y los agnósticos lo prometan. A mí me parece que hay que ser más serios y no permitir jamás que la mera apariencia pueda ocupar el sitio de la pura esencia.”
ABC, 25. II. 1994 Recogido en El color de la mañana, Madrid: Espasa, 1996.
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